Yaiza se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.
Al día siguiente, Júlia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Yaiza no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Al día siguiente, Júlia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Yaiza no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Júlia
entonces pidió a Yaiza que le prestara su juego de té para que ella
pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.
Ella
no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la
amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan
especial.
Al
volver del paseo, Yaiza se quedó pasmada al ver su juego de té tirado
al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.
Llorando
y muy molesta Yaiza se desahogó con su mamá "¿ves mamá lo que hizo
Júlia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó
tirado en el suelo".
Totalmente descontrolada Yaiza quería ir a la casa de Júlia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:
"Hijita,
¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo
blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a
casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te
dejó.
¿Recuerdas
lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se
secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.
Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo".
Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo".
Yaiza no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.
Un rato después sonó el timbre de la puerta...Era Júlia, con una caja en las manos y sin mas preámbulo ella dijo:
"Yaiza, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?
Él
vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu
juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías
prestado.
Cuando
le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito,
para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa!“
"¡No
hay problema!, dijo Yaiza, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a
su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la
historia del vestido nuevo ensuciado de lodo".
Nunca
reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos
las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y
ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta
delante de una situación difícil.
Acuérdate siempre: ¡ DEJA SECAR LA IRA !











